Bitácora

Estas son las mejores piscinas naturales de las islas Canarias

Del conocido Charco azul de La Palma a Roque Prieto en Gran Canaria

Por todos es sabido que en las islas Canarias es verano (casi) todo el año. Con una flora y fauna espectaculares, sus playas tampoco pasan desapercibidas en un paraíso que hay que visitar sí o sí. Darse un chapuzón en aguas del Atlántico también es posible de una manera diferente.

A veces, la propia orografía del entorno favorece la creación de piscinas naturales para disfrutar del mar de una forma original y más segura para toda la familia. Por ello, en Forbes Nautik enumeramos las piscinas naturales más destacadas de las Canarias. Esas que no te puedes perder por nada del mundo. ¡Vamos allá!

El Agujero (Gran Canaria)

Ubicada en el municipio de Gáldar, este tesoro escondido forma parte de una serie de piscinas naturales de agua sala que se encuentran en Gran Canaria. Un paraíso en el que se puede nadar y bucear con fondos marinos de distintas profundidades en zonas bien delimitadas y seguras para un baño en familia.

Una zona que, además, tiene la ventaja de no ser muy conocida para el turista, lo que le da un plus de tranquilidad. Cerca de El Agujero, por cierto, se encuentra el Frontón, donde se celebra el conocido Frontón King, la prueba de bodyboard profesional con más prestigio del Bodyboarding World Tour, ya que cuenta con una de las mejores olas del mundo para practicar este deporte.

Roque Prieto (Gran Canaria)

En el norte de Gran Canaria se encuentra Roque Prieto. Este rincón cercano a la localidad de Santa María de Guía cuenta con dos «charcos» idóneos para disfrutar de un baño tranquilo. La zona tiene poca profundidad y se combina con otras que tienen hasta tres metros. El enclave es perfecto si se busca evitar las aglomeraciones y los ruidos urbanos. 

Aunque no cuenta con todos los servicios deseados, tiene un amplio solárium, barandas y un acceso sin dificultad a unos minutos del aparcamiento. El agua de ambas piscinas, por cierto, se renueva con regularidad gracias al paso del agua del Atlántico. Otro lujo más para apuntar en la agenda.

Charco azul (El Hierro)

Las aguas turquesas reinan el Charco azul de El Hierro. Una zona de baño espectacular situada en El Golfo, impresionante valle de costa escarpada que se deja bañar por el Océano Atlántico y provocan el placer de la vista y el oído del visitante.

De fácil acceso a pie, cuenta con solárium de madera y un arco basáltico que lo corona, tiene también áreas ideales para que los más intrépidos se lancen como quieran. Refrescarse, relajarse y reactivarse es casi una obligación.

Charco azul (La Palma)

Hablamos ahora de otro Charco azul, esta vez en La Palma. Unas piscinas naturales que incrementaron su fama hace unos años, después de una remodelación, logrando incluso un premio internacional en 2013. En San Andrés y Sauces, este enclave resulta ideal para disfrutar en familia del mar y el sol.

La zona de baño se ha convertido en una atracción natural gracias a las características del charco, de grandes dimensiones y protegido del oleaje, pero también a la piscina infantil con fondo liso, la pequeña cascada, las escaleras, barandas, solárium, duchas, vestuarios, sus medidas de seguridad, limpieza, vegetación y aparcamientos.

Los Charcones (Lanzarote)

Los Charcones se encuentran en el sur de Lanzarote. Estas piscinas naturales vírgenes están a cinco minutos en coche de Playa Blanca. Sus charcos tienen diversos tamaños, profundidad y forma. ¡Hay piscina para todos!

Casi dos kilómetros de disfrute, desde el faro de Pechiguera, ofrecen un continuo goteo de piscinas naturales vírgenes muy atractivas.

Hermigua (La Gomera)

Finalizamos este repaso de piscinas naturales de las Islas Canarias con Hermigua en La Gomera. Situado al final de un destacado valle al norte de la isla, tiene un escenario inolvidable, junto las cuatro columnas de unos treinta metros del antiguo pescante, construido a principios del siglo XX para exportar plátanos y tomates. 

Aparcar cerca resulta complicado, potenciándose los paseos por la costa que, además, deja unas vistas muy recomendables. Ahora, queda lo más importante: ir para disfrutarlo en primera persona. Seguro que merece –y mucho– la pena.

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