Bitácora

Silver Endeavour: ultralujo entre los hielos de la Antártida

Silversea Cruises bautiza en el séptimo continente a su nueva joya

Llegar hasta la Antártida sin ser un investigador, científico o un explorador es algo excepcional. Hacerlo en el barco de expedición más lujoso del mundo, el Silver Endeavour, es sencillamente único. Eso es lo que vivimos a finales del mes de noviembre para bautizar el nuevo buque de Silversea, naviera de cruceros de ultralujo fundada en Mónaco y la marca con más caché del Royal Caribbean Group.

Nacida hace 28 años, Silversea fue pionera en el sector de los cruceros de lujo todo incluido y se ha mantenido siempre fiel a su estilo monegasco-italiano. Para poder seguir navegando y creciendo en un mundo cada vez más competitivo, el fundador y propietario de la compañía, Manfredi Lefebvre d’Ovidio di Balsorano di Clunières aceptó la oferta de Royal Caribbean por la mayoría de las acciones en la que fue una compra muy sonada en el sector que acabó siendo un win-win: a Royal Caribbean le interesaba entrar en el sector de los viajes marítimos de ultralujo y a Silversea estar respaldada por un holding gigante: un gran paraguas bajo el que están cinco navieras y 64 buques.

Royal Caribbean sabía que la naviera estaba bien gestionada. No había que tocar nada y su misión era únicamente apoyarla económicamente para que funcionase aun mejor, por lo que finalmente se hizo con el total del accionariado en 2020. Como presidente nombró a un hombre de la casa, Roberto Martinoli, arquitecto naval profundamente enamorado de este mundo y con experiencia en puestos de responsabilidad en el sector desde 1976. A su lado, en lo profesional y personal, otra primera espada del negocio: Barbara Muckerman, directora comercial y alma de la compañía.

Rumbo a la Antártida

Muckerman fue la más alta directiva que navegó en el viaje inaugural del Silver Endeavour, adscrito a su división de viajes de expedición, en la que navegan cinco de los once buques de la sociedad. La incorporación de este nuevo barco fue una interesante estrategia: construido en Alemania, fue botado en verano de 2021 y únicamente navegó unos pocos meses para su anterior armador: Crystal Cruises, filial de Genting Hong Kong, que quebró en 2022 barrida por la crisis financiera post-covid.

El barco, construido por un astillero de este grupo, MV Werften, costó la friolera de 460 millones de dólares. Teniendo en cuenta que tiene capacidad para tan solo 200 huéspedes, el coste por huésped fue el más caro de la historia en esta industria. Tras varias visitas al barco por parte de ingenieros de Silversea y semanas de negociaciones con el liquidador, el Crystal Endeavor pasó a manos de Silversea por menos de la mitad de su coste inicial. Un astillero de Marsella se encargó de realizar algunas adaptaciones y luego navegó hasta el sur del sur de Chile para su primer viaje con huéspedes: el de su bautismo.

Al sur del sur

Con el barco esperando en Puerto Williams, considerada la ciudad más meridional del mundo por el gobierno chileno (en eterna disputa por ese titulo con la argentina Ushuaia) los pasajeros llegamos desde Santiago de Chile en dos aviones de Antarctic Airways, compañía del grupo chileno DAP, fletados especialmente para la naviera y configurados con menos asientos de lo normal, para incrementar el confort, con un servicio a bordo excelente diseñado de acuerdo con los estándares de calidad de la naviera. Los aparatos, modelo Avro RJ100, versión más avanzada del usado por la casa real británica para sus viajes, es ideal para operaciones en la región de tierra de fuego y en la Antártida, donde los aerodromos son pequeños y tienen pistas cortas. Allí el cuatrirreactor opera perfectamente.

Puerto Williams parece el Cicely de la ficción de Northern Exposure, la serie de culto que en España se tradujo como doctor en Alaska y se convirtió en una delicatessen televisiva en las noches de los primeros 90. En el único muelle de la población, a tan solo un kilómetro del pequeño aeropuerto esperaba el barco, casi listo para zarpar, no sin antes celebrar un acto de unión entre la población y la naviera en Centro Subantártico de Cabo de Hornos, edificio que es orgullo local. 

El barco empezó a navegar al caer el día por el canal de Beagle para salir luego al temido paso de Drake, que separa el archipiélago de Tierra de Fuego del de las islas Shetland y la península antártica, un área mítica para navegantes donde negociar olas de cinco o seis metros forma parte de un día normal. Es por eso por lo que la naviera llevará y recogerá a sus huespedes hasta la isla del Rey Jorge, en las Shetlands, donde empiezan y terminan todos sus viajes de expedición por el continente blanco.

Viaje de expedición, no crucero 

Hay que aclarar que navegar en la división de expedición de Silversea es un concepto diferente que hacerlo en la de cruceros. No es algo menor: los barcos de expedición se dirigen a unos puntos determinados para visitarlos. Estos no tienen ninguna infraestructura y siempre antes de desembarcar, un equipo de guías se dirige en avanzadilla para analizar el terreno y marcar los posibles senderos para caminar. Una vez asegurado el terreno, los viajeros pueden desembarcar, siempre a bordo de zodiacs y llevando un calzado especial para ese terreno.

Todo está medido, cuidado y asegurado con fijación continua por la conservación del entorno. Si la meteorología no acompaña o la zona del desembarque no está en las mejores condiciones para caminar por ella, el plan cambia y siempre existen otras alternativas. Así, sobre un guion muy bien preparado, Marieke Stegmeijer, la líder de expedición que tiene a su cargo a 19 guías naturalistas de diferentes especialidades siempre está pensando en posibles alternativas. Al contrario de los cruceros convencionales, donde se establece un puerto de escala, unas horas de estancia y unas actividades concretas, la filosofía de la navegación de exploración puede cambiar de un momento a otro. Es algo que se toma muy en serio: el capitán y la líder de expedición siempre tienen la última palabra.

Eso si, cuando se viaja a bordo la calidad y servicios son los equivalentes a cualquier otro barco de la flota: las 100 cabinas son en realidad suites que van desde los 30 a los 120m2, todas con su terraza privada y mayordomo con ayudante asignados para cualquier necesidad de servicio. A bordo hay cuatro restaurantes, dos coctelerías y una cafetería. Existe también un salón de conferencias, donde siempre hay invitados de primer nivel, como la Royal Geographic Society, para dar charlas temáticas complementadas por la de los guías que viajan a bordo y un salón mirador en el puente más alto, justo sobre el puente de mando.

Todo es impecable y todo funciona como un reloj mientras se suceden los paisajes nevados, los iceberg y las aguas heladas por las que el buque navega sin problemas, pues se construyó pensando tanto en el Ártico como en el Antártico y su casco tiene calificación polar PC6, por ello navega sin problemas separando el hielo, todo ello supervisado por Niklas Peterstam, un capitán sueco de dilatada experiencia en mares dificiles.

Los detalles se notan tanto en las lanchas de desembarco, como en las caminatas entre pingüinos o focas o a bordo siempre hay alguien pendiente de las necesidades del huésped, ya sea una explicación sobre los animales que se están viendo, la observación de aves o el disfrute del paisaje en zonas de cubierta habilitadas para el disfrute del silencio y la observación de la inmensidad, cuando discretamente un tripulante ofrece una taza de chocolate o un vaso de vino caliente al extasiado huésped. 

Bautismo entre los hielos 

La madrina del Silver Endeavour es Felicity Aston, la primera persona que atravesó el ártico en solitario y por sus propios medios: 1744 kilómetros sobre esquíes arrastrando un trineo de 85 kilos. Un periplo de 59 días en el que esta meteoróloga y aventurera pasó por el polo sur en un recorrido que le marcó para el resto de su vida. Hoy, a caballo entre Islandia e Inglaterra, sigue dedicada a descubrir el mundo en diferentes exploraciones, da conferencias sobre su experiencia y ha sido condecorada con la Orden del Imperio Británico. 

Con la misma emoción que recibió la medalla en Londres, Aston estrelló una botella de hielo con forma de magnum de champagne sobre el casco del barco, con la tripulación viéndolo desde la proa y los huéspedes entre los hielos de las aguas heladas del espectacular Canal Lemaire desde una quincena de zodiacs. Un momento emocionante para todos los que vivimos en directo el momento. 

“El Silver Endeavour comparte su nombre con el barco en el que el Capitán Cook partió hacia los confines de la tierra”, indicó Aston durante la ceremonia. “La exploración ha evolucionado en los siglos transcurridos desde la partida de Cook. Hoy en día, la exploración no sólo consiste en el descubrimiento geográfico, sino también en la búsqueda de nuevas ideas, nueva inspiración y nuevas perspectivas. Este buque permitirá que más personas se conviertan en exploradores y vuelvan a casa con nuevas perspectivas. Será una fuente de enriquecimiento personal, ya que las personas conectarán con el planeta y entre sí. Buenos vientos y mares para todos los que naveguen en él”, concluyó. 

La naviera navegará durante los meses de verano austral en la zona y cuando la primavera empiece en el hemisferio norte navegará hacia el norte de las islas británicas, las Feroe, Islandia y el Ártico, para seguir descubriendo el mundo con todo lujo de detalles y todo lujo de servicios. Viajes que marcan una vida y una nueva manera de ver el mundo.

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