Se sabía que tras travesías largas los navegantes pueden perder masa muscular, sobre todo de las piernas, debido al poco ejercicio al que se someten. Pero lo que nadie sospechaba es que tras una Vendée Globe la mayoría de los participantes también han perdido estatura.
Autor: Kiku Cusí
De hecho, las secuelas físicas que sufren los navegantes tras esta vuelta al mundo en solitario son muy parecidas a las que afectan a los astronautas que permanecen entre tres y seis meses en la Estación Espacial Internacional.
Así parece demostrarlo el primer estudio biométrico en el que han participado 15 de los patrones de la Vendée, dirigido por la doctora Bérénice Charrez, doctora en ingeniería médica por la universidad de Berkeley y realizado en colaboración con la Universidad de Caen sobre la fisiología de los navegantes en condiciones extremas.
Charrez, que participó en las dos últimas etapas de la Ocean Race a bordo del 65 pies Viva México, se sorprendió de lo poco adaptados que están los barcos de competición a las necesidades físicas de los navegantes: son tan exigentes que se impone la necesidad de pensar en la ergonomía para hacer más soportable la navegación en ellos. Hablando con un amigo suyo astronauta, observó que sus condiciones de vida en un medio hostil eran muy parecidas. El sentido del equilibrio, por ejemplo, sufre tanto en una situación de falta de gravedad como en una de movimiento continuo.

El estudio empezó antes de la vuelta al mundo, con la medición de una serie de variables de 15 participantes que colaboraron voluntariamente: peso, talla, masa muscular, agarre y equilibrio. Durante la regata, 12 de ellos usaron relojes biométricos que recogían sus datos constantemente (ritmo cardíaco, oxigenación sanguínea, estrés y temperatura) y embarcaron sensores que medían su entorno (temperatura ambiente, humedad, ruido, calidad del aire…) y sus siestas.
A su llegada a tierra, tras una nueva revisión, casi todos ellos habían perdido masa muscular; pero lo que nadie podía imaginar es que algunos llegaran a perder un 10% de su peso o del contorno del muslo.
Lo que no esperaba Charrez es que la mayoría de los participantes hubieran perdido entre 1 y 1,5 centímetros de altura, algo atribuible tanto a los constantes y fuertes pantocazos como a la pérdida de flexibilidad propia de la vida en un espacio reducido; y mucho menos la falta de equilibrio: algunos navegantes no conseguían poner un pie delante del otro con los ojos cerrados.
La recuperación de las secuelas físicas de una Vendée Globe suele alargarse hasta ocho meses. Y la normalidad en el sueño también tarda en volver, algo que ya comentó hace más de 30 años el inolvidable José Luis de Ugarte, el primer español que participó, y terminó esta vuelta al mundo en solitario, sin escalas y sin asistencia, probablemente la competición deportiva más dura que se haya inventado jamás.
Sigue leyendo para conocer en detalle todo lo relacionado con el mundo de la vela oceánica de la mano de Kiku Cusí:
