Se proponen recorrer 1.500 millas por la Patagonia en el sencillo catamarán catalán.

Que a Dídac Costa y a Guillermo Cañardo les gusta navegar no es ningún secreto. Que a los dos les encantan los grandes retos, tampoco. Sus currículums lo confirman de sobras: cuatro vueltas al mundo (tres de Costa, todas ellas sin escalas), tres Mini-Transats (dos de Cañardo), además de innumerables regatas y travesías los contemplan.
Pero seguramente solo ellos son capaces de imaginar semejante desafío: recorrer la Patagonia chilena de norte a sur en un patín a vela (uno cada uno) e intentar, si la meteorología del momento lo permite, doblar el cabo de Hornos en esta minúscula embarcación sin casco ni timón. Algo simplemente inaudito.
Serán 1.500 millas entre fiordos y parques naturales rodeados de montañas nevadas y glaciares, desde Puerto Montt hasta Puerto Williams, con la guinda de intentar doblar el cabo de Hornos a bordo de dos sencillísimos patines catalanes, una embarcación de playa en absoluto pensada para este tipo de aventuras.
Completamente autosuficientes
“Es una aventura que los dos tenemos muchas ganas de hacer”, confiesa Costa, que es quien tuvo la idea, a la que se apuntó Cañardo en cuanto su compañero se lo propuso hace ya un año. Como les gusta a los dos, serán completamente autosuficientes pues en su recorrido no podrán contar con ninguna ayuda externa. De hecho, durante más de dos meses tocarán pocos puntos habitados: Puerto Montt y sus alrededores en la primera semana de navegación, y Puerto Williams en la llegada. En medio, tan solo Puerto Edén, apenas una quincena de casas junto a un pequeño muelle.
Desde el punto de vista de la navegación, el recorrido puede dividirse en tres partes, explica Costa: “De Puerto Montt al canal Messier hay muchas corrientes de marea; del canal Messier al estrecho de Magallanes iremos por canales de entre tres y cuatro millas de ancho; y del estrecho de Magallanes al canal de Beagle la temperatura rondará los cinco o seis grados”.
En medio, “dos o tres pasos abiertos al océano Pacífico, de unas 20 millas cada uno, en los que tendremos que esperar a tener una buena previsión meteorológica para cruzarlos”. Serán unas travesías especialmente difíciles, con la compleja mar de fondo típica del Pacífico sur.
Además, deberán cruzar un tramo de un kilómetro y medio por tierra: “Cargaremos los barcos y todo el material a pulso, haciendo varios viajes entre los dos”.
Dídac Costa y Guillermo Cañardo compartirán una gran aventura por las costas más remotas e inhóspitas del planeta.
80 kilos de equipaje
La autonomía esperan tenerla con un equipaje de unos 40 kilos en cada barco. “El agua la tenemos garantizada, por lo que es un peso que nos ahorramos”. Comida liofilizada, tienda de campaña y unos pocos recambios que les permitan arreglar las averías más probables, incluida una eventual rotura de mástil, además de algunos (pocos) enseres personales.
A su juicio, lo más difícil será no romper el barco, pues contra esto no hay recambio posible.
Esperan navegar unas seis horas al día y acampar al final de cada jornada, tras subir los barcos a tierra, aprovechando que el patín catalán no tiene ningún apéndice, ni orza ni timón. Calculan que la meteorología los obligará a estar parados entre cuatro y seis días. Una meteorología que es, como mínimo complicada, como saben muy bien los dos, pues ya han navegado por estas latitudes en el océano con unas condiciones que pueden cambiar de repente, especialmente en unos canales relativamente estrechos, rodeados de altas montañas por las que pueden descender fuertes vientos catabáticos.

Escuela de vela en Puerto Williams
Si todo va bien, esta gran aventura culminará en Puerto Williams, donde dejarán los dos patines en una escuela de vela de Puerto Williams tras dos meses o dos meses y medio de navegación en unos parajes absolutamente incomparables.
El germen de este sueño surgió hace 10 años, cuando un amigo de Costa lo animó a compartir con él una travesía hasta Italia en patín. “La experiencia me encantó. Y la Patagonia, con sus fiordos e innumerables islas, es un lugar ideal para hacer una travesía en patín. El año pasado pensé en Guillermo como compañero ideal.”
Como parte de su entrenamiento, los dos compartieron este verano una travesía de Barcelona a Menorca, en la que navegaron 17 horas sin ningún apoyo externo.
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