Aina Bauzà no podía esconder su sonrisa de felicidad al pisar Martinica. Gracias a la beca Cap pour Elles, que patrocina parcialmente un dúo femenino en esta transatlántica, había conseguido culminar su primera regata oceánica: “Grande, intensa en emociones, y muy contenta de la regata que hemos hecho”.
Autor: Kiku Cusí
Le Havre parecía lejos, muy lejos: “Era otra vida”, una vida previa a la superación de diversos frentes, a un chubasco con rachas de hasta 70 nudos, a la toma de decisiones importantes y a largas planeadas a favor de los alisios.
Al salir de A Coruña, Bauzà y su compañera Axelle Pillain optaron por la ruta norte, favorecida entonces por las previsiones. Pero tras una primera noche que recordarán toda la vida, decidieron que no querían que su transatlántica fuera una lucha contra un frente tras otro. Además, ¿resistiría el barco? Fue una decisión tan racional como humana.
El tiempo les dio la razón. Terminaron en la primera mitad de la flota, en el puesto 18, justo delante de las becadas por Cap pour Elles de hace dos años. Pep Costa y Pablo Santurde fueron unos de los damnificados de la ruta norte. Navegaban en el grupo de cabeza cuando sufrieron una avería estructural en el fondo del casco tras muchos pantocazos contra olas de cuatro metros o más. Se refugiaron diez horas a sotavento de Santa María (Azores) para reparar con los medios de a bordo. La parada los retrasó, y con este retraso perdieron toda opción a entrar en el podio. Sin poder luchar por la victoria, lucharon por llegar a Martinica con el barco entero: “Nos adaptamos a las circunstancias”, aseguró un Costa que, como buen navegante, mantuvo la cabeza fría.
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