
La historia del escultor británico Jason deCaires Taylor (Dover, 1974) es, como mínimo, asombrosa. En la actualidad es reconocido internacionalmente como uno de los principales artistas de land-art, la corriente del arte contemporáneo surgida a finales de los años sesenta del pasado siglo que utiliza la naturaleza como material escultórico o como arquitectura paisajística. Pero, curiosamente, en su caso, la mayor parte de su obra no es fácilmente visible ni visitable, ya que se encuentra sumergida bajo el mar, a veces hasta a 18 metros de profundidad, en Australia, en espacios estratégicamente escogidos para que sus esculturas se conviertan, con el paso del tiempo, en arrecifes artificiales y alejen a los turistas de los frágiles arrecifes naturales –que sufren desde hace años los efectos adversos provocados por la polución, el calentamiento global, los huracanes o la sobrepesca–, haciendo que se adentren en el mar para visitar estos espacios.
Aunque deCaires se graduó en 1998 en Escultura y Cerámica en el Camberwell College of Arts de la Universidad de Artes de Londres, su amor por el mar le llevó a convertirse en instructor profesional de buceo. Establecido en Granada –el país caribeño situado a doscientos kilómetros de las costas de Venezuela y Trinidad y Tobago, uno de los principales destinos turísticos de buceo de Sudamérica– la idea que había ido surgiendo en su mente de crear un parque de esculturas submarinas, comenzó a tomar forma después de que el huracán “Iván” arrasara en 2004 la región, hasta el punto de que el propio primer ministro de Granada, Keith Mitchell, viera derrumbarse su casa y tuviera que domiciliarse en el buque HMS Richmond de la Marina británica.
DeCaires tomó entonces la decisión de construir el parque, para recuperar económicamente la zona y llamar la atención de la gente sobre la fragilidad de la naturaleza. Desde entonces ya ha hecho más de mil esculturas que ha instalado en los fondos oceánicos del Caribe, el Atlántico, el Mediterráneo, el mar de Java y el Pacífico, próximo a la Gran Barrera de Coral de Australia, puntos todos ellos en los que ha creado grandes museos subacuáticos. Uno de ellos, creado en 2016, se sitúa frente a la playa de las Coloradas, en Lanzarote. Y el más reciente, el Museo Subacuático de Esculturas Ayla Napa (MUSAN, por sus siglas en inglés), inaugurado en julio de 2021, se encuentra en la costa sudeste de Chipre.
Hay que resaltar que todos los proyectos de deCaires no se limitan a su aspecto artística, sino que tienen, sobre todo, una función de conservación del medio ambiente marino, creando arrecifes artificiales que proporcionan una superficie alternativa para que vivan los corales y de refugio para las diferentes criaturas marinas.
PREGUNTA. Lo normal es que un artista quiera que su obra se vea… ¿Cómo surgió la idea de situar sus esculturas en el fondo del mar?
RESPUESTA. Hay muchas razones diferentes. Siempre me ha gustado la idea de que el arte sea algo vivo y no estático, algo que se parezca más a nosotros, que evolucione, igual que el mundo está en constante cambio. Yo quería que mi arte reflejara eso. Así que trabajar bajo el agua me dio la oportunidad de hacer obras que transformaran la metamorfosis. Eso era lo realmente interesante.
Cuando me di cuenta de ello, podía utilizarlo también como una forma de introducir a la gente en un nuevo mundo, bajo el mar, y utilizarlo como una forma de conservación. Y se convirtió en algo muy importante para mí.
P. ¿De qué material están hechas las esculturas?
R. Es una especie de cemento marino especial que tiene un pH neutro y no contamina el mar de ninguna manera. Es bastante diferente de la escultura normal. La mayor parte de las esculturas públicas están hechas de metal, y yo no uso mucho metal. Las estructuras que hago, después de muchas pruebas y mucho tiempo, son en su gran mayoría inertes. Llevo haciendo esto poco más de 17 años. Cuando empecé, era bastante inexperto. Y poco a poco, investigando más y más y probando materiales y hablando con biólogos marinos empecé a adaptar los procesos.
P. Creo que fue el mar frente a la isla caribeña de Granada, en 2006, donde situaste el primer emplazamiento de tus quince museos. ¿Por qué ahí precisamente?
R. En realidad es porque yo vivía allí entonces. Tenía una empresa de buceo y trabajaba como instructor. Sabía mucho sobre el mundo submarino y siempre quise hacer esto. La idea de un parque de esculturas bajo el agua siempre estuvo rondándome, pero pensaba que sería algo que haría cuando me jubilara. Jamás había pensado que se convertiría en una especie de carrera profesional, pero inicialmente decidí hacerlo durante un año, como experimento, y ver que pasaba. Y, al final, transformó mi vida.
P. ¿Eres también patrón de barco? ¿Qué es el mar para ti?
R. No, no tengo título de patrón, pero he trabajado en muchos barcos. Siempre he estado muy cerca del mar. Tuve mucha suerte porque mis padres eran profesores y solían viajar por todo el mundo. Así que en mi infancia pasé mucho tiempo en Malasia, Tailandia y el Caribe. Y así pude llegar a ver muchos lugares hermosos y pasar mucho tiempo en el océano.
Siempre he tenido una conexión muy fuerte con el mar y luego solía trabajar en barcos enseñando buceso. Viajaba por la Gran Barrera de Coral, en Australia, y por el Caribe. Llegué a entender mucho sobre el mundo submarino. Siempre he sido un enamorado del océano. Y me resulta realmente extraño que vivamos en un planeta azul: dos tercios de él son agua y mar. Sin embargo, apenas sabemos nada de él. Esto ha sido, para mí, una gran misión de exploración. Quiero explorar más.
P. ¿Contabas al principio con permisos oficiales para hacerlo o simplemente ponías ahí las esculturas?
R. No, no. Realmente hay mucho trabajo para conseguir los permisos adecuados y a veces puede ser muy, muy complicado. En algunos lugares en los que trabajo se tarda dos o tres meses pero hay otros lugares en los que la labor burocrática puede llevar tres o cuatro años. Así que, sí, es una parte muy importante del proceso
Todo depende, además, de cada lugar, de cuáles sean las leyes. Pero siempre hacemos un gran estudio de análisis de impacto ambiental y de consulta a la comunidad. Tenemos que hablar con las autoridades pertinentes, que regulan la zona. A veces es la Guardia Costera, a veces es la Capitanía del Puerto.
Es diferente en cada región. En Australia, la Autoridad del Parque Marino de la Gran Barrera de Coral.
P. En tu web señalas distintas categorías para los emplazamientos de las esculturas: Underwater Museum, Submerged, Tidal… ¿Qué diferencias hay?
R. Unas están completamente bajo el agua, sumergidas permanentemente, a veces hasta a 18 metros de profundidad. Para ver las esculturas tienes que ir a bucear. Los otros, los sumergidos, se pueden ver fácilmente en inmersión a pulmón. Están a unos cuatro o cinco metros de profundidad. Y otras dependen de las mareas. También hay esculturas visibles desde la tierra o desde la orilla, ancladas muy cerca de la superficie.
P. ¿Y hay temáticas distintas en cada uno de los museos?
Sí, absolutamente. Todos están relacionados con su comunidad local. Todos hacen referencia a historias locales y hablan sobre el medio ambiente y nuestra relación con el mar y algunos de los peligros a los que se enfrentan los ecosistemas. Este creo que es su un hilo conductor. Pero intento que cada uno sea único, y a menudo pruebo cosas nuevas que no haya hecho antes.
R. ¿Tienes una idea aproximada (y cierta) de cuanta gente ha podido ver tus esculturas sumergidas?
Creo que se puede cifrar en medio millón de personas al año. En México, en concreto, tienen casi 300.000 visitantes al año.
P. ¿Cómo surgió el proyecto de crear el Museo Atlántico de Lanzarote, frente a la playa de las Coloradas?
R. La propuesta surgió, creo recordar, en 2011. Había un marchante alemán de arte que vivía en Lanzarote y quería hacer algo así. Era amigo de César Manrique. Quería hacer algo más “de tierra”, más tipo land art y arte medioambiental y me invitó a visitar la isla y hacer una propuesta. Y al gobierno local le gustó la propuesta y quisieron invertir en economía azul. Tenían ya muchos atractivos en tierra, pero obviamente están rodeados por este hermoso mar y querían hacer algo que animara a más gente a adentrarse en el océano.
P. ¿Conoces otros puntos de la costa española en los que se podría crear otro museo sumergido?
R. ¡Muchos! Todas las Islas Baleares son fantásticas. Y las costas del sur peninsular también son realmente especiales. Hay un montón de zonas bonitas. Y me ha encantado trabajar en España. Tengo que decirlo: ha sido un verdadero privilegio trabajar allí.
P. ¿Pero no tienes planes de hacer algo nuevo en España en el futuro?
R. Todavía no. He recibido algunas consultas sobre proyectos, pero nada concreto.