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Guillermo Altadill: «El mar es donde trabajo, donde vivo y donde me lo paso bien»

Forbes Nautik charla con el regatista profesional de referencia internacional

Hablar de Guillermo Altadill (1962, Barcelona) en el mundo de las regatas oceánicas es hablar de uno de los grandes referentes internacionales. Enamorado de las antípodas, Australia y Nueva Zelanda, le encanta escribir desde la perspectiva opuesta y mojarse en el mar austral. Sus diez vueltas al mundo, completando siete, tres de ellas sin escalas; sus 20 travesías atlánticas; más de 500.000 millas navegadas en competición; varios récords de navegación y haber sido regatista y entrenador en 5 JJ.OO., consiguiendo como entrenador en Atlanta 96 la Medalla de Oro en la Clase Tornado (con Fernando León y José Luis Ballester), son los ases de este profesional de la náutica, que nunca ha dejado de querer el mar como un auténtico amateur.

¿De dónde le viene la afición por navegar?

De mi padre, que también hacía regatas y construía sus propios barcos. Así que desde pequeño tuve contacto con el mar. Navegábamos junto a mi madre y mi hermana haciendo pequeñas travesías hasta las Baleares.   

¿Cuál fue el primer barco que sintió suyo?

Comencé a competir a los 10 años en clase optimist, y conservé este barco durante unos años hasta que se lo pasé a un familiar y, hace solo un mes, conseguí recuperarlo porque estaba tirado en un club, y lo estoy restaurando. 

¿Cómo es su barco ideal?

Que sea rápido. Piensa que yo siempre vivo la vela desde el mundo de la competición, así que, aunque esté yendo de crucero o de relax, continuamente intento ir lo más rápido posible para divertirme, por lo que cualquier crucero rápido y moderno es para mí el mejor barco. 

¿Qué es el mar para usted? 

Donde trabajo, donde vivo y donde me lo paso bien. Es todo, porque me permite trabajar, relajarme o irme de vacaciones.

¿Cuántos días al año pasa en el mar?

Depende de si hay vuelta al mundo o no, pero calculo que unos 180 días más, o menos. 

¿Cuál es el mar que más le impresiona?

El Índico Sur. Cuando estás allí, cerca de la Antártida, impresiona mucho, porque las olas que ves allí no se encuentran en ninguna otra parte del planeta.

¿Cuál ha sido la situación más complicada que ha pasado en el mar?

Quizá la situación más difícil fue compitiendo en la Transat Jacques Vabre del 2015, a bordo del IMOCA Hugo Boss. El barco se nos volcó en una ola, a 120 millas de tierra, y tuvimos que ser evacuados por un helicóptero del SAR español que nos llevó a La Coruña. Si hubiera pasado en aguas más frías o lejanas habría sido todo muy complicado. Al día siguiente salimos con un remolcador y recuperamos el barco. 

Es uno de los mayores especialistas del mundo en todo tipo de barcos y regatas del más alto nivel, desde la vela olímpica hasta los récords alrededor del mundo. ¿Cómo llega a ese nivel?

Bueno, simplemente es como en todos los deportes. Es una cuestión de constancia y paciencia, porque cuando te gusta una cosa la continúas haciendo, y si es por mucho tiempo, al final, la haces bien. He tenido la suerte de navegar y no quedarme encuadrado en una sola clase. Desde vela olímpica, en la he pasado por casi todas las clases, hasta los barcos más grandes, como los maximulticascos oceánicos o IMOCA’s, y de todos se adquieren conocimientos. 

La vela española está considerada entre las tres mejores del mundo. ¿Por qué piensas que tenemos tan buen nivel?

En primer lugar, porque hace años, desde las categorías más bajas, como el optimist, se empezó a hacer una tradición que luego se convirtió en calidad. También hay que contar con que España tiene muchísimos kilómetros de costa, lo cual hace que practicar el deporte de la vela no sea complicado, sino bastante fácil. Además, por tradición, España, no ahora, sino hace 500 años, ha sido cuna de grandes navegantes, y eso se ha ha extrapolado a la vela de competición. Por ello, no es raro que España esté entre los tres mejores del mundo. Resumiendo, por la costa, por la tradición náutica y porque las cosas se han hecho bien en temas de ayudas, federaciones, creando escuelas en cualquier pueblo costero, y todo eso, al final, fomenta la afición, y la afición crea campeones.

Y, ¿por qué es tan difícil encontrar patrocinadores en España para este deporte?

Porque también un problema cultural. Volviendo al pasado, España tenía muy buenos navegantes, pero era muy difícil encontrar dinero para hacer expediciones y descubrir lugares. Ahora pasa lo mismo, porque las instituciones, el Gobierno, la lista de gente que hay antes para conseguir patrocinadores, que sí llegan al patrocinio pero no cuajan como deporte, porque tenemos otros deportes delante, como el fútbol, que tienen mucho más calado en la sociedad, impide que un patrocinador apueste por la vela y sí lo haga por otro deporte que tiene mucho menos éxito y carece de unos valores tan importantes como puede tener la vela, que son totalmente antagónicos a los que puede tener el fútbol, por ejemplo. En la vela se respeta el medioambiente, es más sostenible, hay más respeto por el contrincante, cosa que en el fútbol nunca he pensado que ha habido.

En Francia la vela es un deporte nacional que mueve masas, y los patrocinadores la apoyan al máximo. ¿Qué siente?

Los franceses tienen una cultura de mar muy arraigada y se han dado cuenta de que la vela mueve mucho dinero, y que si cuidan la vela oceánica y la de competición con sus patrocinadores revierte directamente en la industria náutica. Por están tan fuertes, porque han creado una serie de campeones, esos campeones han calado en la sociedad, y la sociedad quiere navegar, por lo que hay demanda de náutica, muchos más puertos, más barcos, más artilleros, y alrededor se forma una gran economía. Esto en España se empieza  a ver, pero le cuesta arrancar, y la forma de arrancarlo es que haya grandes sponsors que inviertan en campeones, que esos campeones se vuelvan mediáticos y se consiga así que al público en general le interese la vela.     

Ha podido ver la vela desde dentro como regatista y desde fuera como entrenador. ¿Dónde se encuentras mejor?

Bueno, creo que son complementarios. Me ha ido muy bien navegar para ser entrenador; y me ha ido muy bien ser entrenador para mejorar en algunos aspectos de lo que hago. Nunca ha sido una cosa o la otra, sino que he intentado combinar las dos y, de hecho, las he ido combinando.

Has acabado cinco veces la Volvo Ocean Race, la regata que da la vuelta al mundo y una de las más duras. ¿Cómo se prepara una prueba de estas características? 

La Volvo es una regata con tripulación, con etapas largas y que dura 9 meses. Normalmente, la preparación empieza un año y medio antes de la salida. Hay que conocerse, hacer el máximo de millas posibles antes de la competición, etc., para que cuando llegue puedas tener controlados todos los puntos que puedan fallar. Hoy en día, la Volvo Ocean Race no tiene mucha participación, ha bajado un poco las expectativas de tener un gran nivel de participantes, de embarcaciones y volver a esta competición no es algo que me planteo a corto plazo. Pero sí tengo previsto participar en otro tipo de regatas oceánicas o de vueltas al mundo, como hacer regatas diferentes en el circuito mundial, con veleros como Maxi o Fígaro 3, y preparar el próximo campeonato del mundo Offshore mixto. Aunque ahora estoy muy involucrado en la Copa América 2024, que se disputará en Barcelona, y en la que llevaré el equipo español tanto femenino como juvenil. 

La Copa América se le otorgó a Barcelona, a pesar de que se presentó  muy tarde, debido a su amistad con Gran Dalton. ¿Cómo convenció al skipper neozelandés para que la candidatura de Barcelona fuera la elegida?

Sí, fue un poco por casualidad. Gran Dalton estaba entre tres ciudades: Jeddah (Arabia Saudí), Cork (Irlanda) y Valencia para ser la sede, pero un día hablamos, y él guarda un muy buen recuerdo de Barcelona porque participamos en The Race, una vuelta al mundo sin escalas, y salimos de la CiudadCondal con un catamarán gigante y, además, ganamos la regata. Un día me llamó y me preguntó si veía a Barcelona capaz de organizar la Copa América del 2024. Le respondí que me diera unos días para evaluar las posibilidades. Ellos estaban trabajando con la empresa Origin, que es la firma que tenía que encargarse de buscar la sede, y su CEO, Stewart Hostjord, es muy amigo mío porque había sido el director ejecutivo del equipo de Hugo Boss, cuando hice mi última Barcelona World Race. Así que entre los tres empezamos a mirar si había posibilidades de hacerlo en Barcelona.

Al principio fue casi imposible y estuvimos a punto de dejarlo, pero, de repente, empezaron a salir unas coincidencias de que Barcelona estaba buscando algo así para volver a proyectarse como ciudad y sede  de grandes eventos, y salió en el último momento, contando, además, con el apoyo de las instituciones, que era lo más difícil. Después, el Puerto de Barcelona, que también se mostró interesado, y finalmente el sector privado de la ciudad, se dieron cuenta de que o ponían de su parte o quejarse por quejarse no servía para nada. Creo que Barcelona está perdiendo oportunidades, pero con esta competición volverá a proyectarse como ciudad de grandes eventos.

Desde hace muchos años ha sido una ciudad pionera en el deporte, y esto siempre es un plus que hace que los eventos busquen este tipo de ciudad. Además, hay una cosa importante que se buscaba en la Copa América, y es que esta edición sea mucho más innovadora, no solo técnicamente, sino en el tema de las energías, de sostenibilidad, y Barcelona está buscando ser el Hub por su situación estratégica aérea, logística, financiera y marítima de alcance global. De manera que las personas que son capaces de ver más allá vieron comprendieron que era una oportunidad, y la han cogido al vuelo.    

Hasta la fecha, están inscrito seis equipos en la Copa América: un inglés, un italiano, un suizo, un francés, un estadounidense y el neozelandés como defensor del torneo. ¿Puede tener España equipo en la Copa América?

España está en los primeros lugares de ranking mundial de regatistas, y no se puede ir a una Copa América que se haga en nuestro país simplemente a participar, sino que hay que ir a conseguir un buen resultado. Tecnológicamente es muy difícil, por no decir imposible, estar a un nivel adecuado en tan poco tiempo, pero sí podemos crear las bases con los juveniles (chicos y chicas), por lo que estoy hablando con regatistas para formar un equipo competitivo de cara al futuro, y la mejor forma de empezar es así, con barcos menos complejos, con un equipo más pequeño y con menos presupuesto, e ir escalando hasta que se convierta en un equipo de Copa América senior para la próxima edición,

¿Qué presupuesto tiene que tener un barco para participar en la Copa América?

Es un poco como en la F1, ya que hay unos equipos de bajo presupuesto y otros muy altos. En mi opinión, por el coste operacional de un equipo, y de ingeniería e investigación, es prácticamente imposible tener un equipo con garantías de obtener un resultado decente por menos de 100 millones de euros.

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