A menudo olvidamos que el remolque es la mitad del barco. Sin él se perdería la libertad y los beneficios de contar con una embarcación remolcable y, sin embargo, suele ser el gran olvidado. Mientras mimamos el barco después de cada salida, el remolque permanece estoico, a veces meses enteros sin moverse, expuesto al sol, impregnado de agua salada y sufriendo el desgaste del tiempo. Aprendamos cómo mantenerlo en óptimo estado para evitar accidentes graves y sanciones de tráfico.
Autor: Miguel Ángel Álvarez Alperi, embajador Tourón para España y Portugal
El remolque soporta la vida más dura: sobrecargas, vibraciones, golpes, la exposición a los elementos y la corrosión que genera el agua del mar en cada botadura. Mantenerlo en condiciones no es solo una cuestión de estética o de alargar su vida útil: es una obligación de seguridad. Un fallo en carretera puede poner en riesgo no solo al barco, sino también al conductor, a su familia y al resto de usuarios de la vía. Además, puede arruinar las vacaciones.
En este primer artículo se abordan tres de los seis puntos más delicados de un remolque náutico: el sistema eléctrico, los elementos de sujeción y los neumáticos. En el próximo número se tratarán aspectos igualmente importantes como los ejes y rodamientos, el sistema de frenado (si lo incorpora) y el estado del chasis. Cada uno requiere cuidados específicos y una rutina de mantenimiento sencilla, pero capaces de marcar la diferencia entre un viaje tranquilo y un disgusto en carretera. Lea con atención y no lo subestime: está en juego su seguridad y la de los demás.
Remolques ligeros: los más descuidados
Los remolques de menos de 750 kg, que utilizan la misma matrícula que el vehículo tractor, están exentos de pasar la ITV. Esta ausencia de controles provoca que muchos propietarios los descuiden hasta que aparece una avería. El resultado no es anecdótico: ruedas que se desprenden en marcha, barcos que terminan en mitad de la calzada, vuelcos completos o choques por circular con las luces en mal estado.
El mantenimiento de estos remolques recae exclusivamente en el propietario: comprobar que todas las luces funcionan, que los neumáticos no presentan desgaste ni grietas, que el winche y las cinchas están en buen estado y que los rodamientos de los bujes no tienen holgura. Nadie le avisará de un deterioro grave hasta que sea demasiado tarde, y entonces el riesgo puede ser enorme.
Check list antes de cada salida:
- Revisar presión y estado de los neumáticos (incluida la rueda de repuesto).
- Comprobar que el enganche a la bola funciona correctamente y engrasar si es necesario.
- Verificar que la cadena de seguridad y/o cable de accionamiento del freno y el pasador estén en buen estado.
- Probar el sistema de luces (freno, intermitentes, posición).
- Confirmar que el cable o cinta del cabrestante no está dañado.
- Ajustar la carga y la sujeción de la embarcación sobre el remolque.
Check list después de cada botadura:
- Enjuagar con agua dulce siempre que sea posible el chasis, los ejes, los rodamientos y los frenos.
- Secar y revisar los pilotos eléctricos y conexiones.
- Engrasar con un spray antihumedad específico para los conectores eléctricos.
Conviene recordar que, aunque el seguro del coche cubre los daños provocados por un remolque ligero, podría rechazar la cobertura si se demuestra un mal mantenimiento. Afrontar las consecuencias de un accidente grave con lesiones personales sería una responsabilidad que nadie quiere asumir.
Por ello, aunque la DGT no obliga a que estos remolques pasen la ITV, es muy recomendable presentarlos cuando el vehículo tractor se somete a la inspección. De este modo se obtiene una revisión extra de seguridad y la tranquilidad de que el remolque está en condiciones. Eso sí, no olvide llevar su documentación correspondiente (ficha o tarjeta técnica).
Remolques pesados: controlados por la ITV
Los remolques pesados, con un MMA entre 750 y 3.500 kg e identificados por la placa roja, se consideran vehículos independientes. Además de la ficha técnica, cuentan con permiso de circulación propio y deben disponer de un seguro específico, cuyo coste ronda los 60 euros anuales.
Su calendario de inspecciones está claramente definido: exentos durante los dos primeros años tras la matriculación, pasan ITV cada dos años hasta los seis, anualmente entre los seis y los diez, y cada seis meses a partir de esa edad.
Estas revisiones ponen el foco en aspectos críticos como la iluminación, el freno de inercia, los ejes, bujes y rodamientos. Detectar a tiempo un fallo en cualquiera de estos puntos puede evitar un accidente grave en carretera.
Lejos de ser una carga administrativa, la ITV es una garantía de seguridad. Superarla significa que el remolque está en condiciones de afrontar viajes largos con fiabilidad, protegiendo tanto a la embarcación como a quienes viajan en el vehículo tractor y al resto de usuarios de la vía. En definitiva, más que un trámite, la ITV es un auténtico seguro de vida sobre ruedas.
Principales elementos a inspeccionar y mantener
1. Señalización y componentes eléctricos: puntos críticos
Los sistemas eléctricos y el salitre nunca se llevaron bien. En un remolque, la señalización (luces de freno, intermitentes, posición, gálibo, etc.) es un elemento vital para la seguridad vial y, además, una exigencia legal. Circular sin las luces plenamente operativas puede acabar en sanción o incluso en la inmovilización del vehículo, algo que puede arruinar cualquier viaje en el peor momento.
La placa de luces trasera y su conector son especialmente delicados: deberían desmontarse en cada botadura, ya que si se sumergen accidentalmente en agua salada sufren oxidación y malos contactos. Aunque existan pilotos “sumergibles”, lo habitual es que terminen deteriorándose. Por ello, lo más seguro es desmontar y retirar la placa antes de cada botadura y evitar que se moje con agua salada.
Conviene evitar soluciones como los kits de luces inalámbricas por Bluetooth, que además de poco fiables no están homologados.
Recomendaciones prácticas:
- Comprobar el correcto funcionamiento de todas las luces antes de cada salida.
- Llevar siempre conectores de repuesto (7 o 13 polos, según normativa ISO 1724 e ISO 11446). Son baratos —entre 3 y 6 euros— y pueden salvar un viaje.
- Sustituir cualquier elemento dañado antes de que provoque una sanción o un accidente.
- La señalización es uno de los puntos más sensibles del remolque. Mantenerla en perfecto estado no solo evita multas: garantiza que los demás conductores perciban nuestras maniobras, previene choques por alcance y aporta la seguridad necesaria para viajar sin sobresaltos.
2. Cabrestante y cinchas de amarre: la importancia de la sujeción
Uno de los accidentes más comunes en carretera con embarcaciones es que el barco se suelte del remolque. La causa suele ser siempre la misma: una sujeción deficiente. Por eso es fundamental revisar con frecuencia el estado del cabrestante (winch) y de las cinchas o eslingas de amarre.
Elementos a vigilar:
- Los winches pueden equiparse con cintas de tela, cables de acero o cabos sintéticos de alta resistencia. Ninguno es eterno:
- Las cintas, expuestas al sol y enrolladas de forma incorrecta, se resquebrajan.
- Los cables de acero, si se pelan o muerden, se oxidan y terminan partiendo.
- Los cabos pueden no ser de la calidad necesaria y fallar bajo tensión.
Mantenimiento básico:
- Engrasar periódicamente el tambor del cabrestante y las carracas de las cinchas, que con el tiempo se oxidan y endurecen la maniobra.
- Sustituir correas, cables o cabos cada cierto tiempo, sin esperar a que se rompan durante una botadura.
- Recomendación final: Cambiar estos elementos supone una inversión mínima comparada con las consecuencias de ver cómo la embarcación se desprende en plena carretera. La seguridad del barco y de quienes circulan detrás depende de algo tan sencillo como unas cinchas en buen estado y un winche bien mantenido.
Revisión anual:
- Revisar los rodamientos y sustituirlos si presentan holgura o ruido.
- Revisar el sistema de frenos de inercia (zapatas, cables, muelles, latiguillos).
- Cambiar los neumáticos si presentan desgaste irregular, grietas o más de 4-5 años.
- Revisar la instalación eléctrica completa, limpiando contactos y sustituyendo conectores y pilotos dañados.
- Retocar la pintura o el galvanizado en zonas con corrosión.
- Revisar y engrasar el cabrestante a fondo.
- Revisar y engrasar las cinchas de amarre.
3. Neumáticos: evitar los reventones
Los neumáticos son los pies del remolque: soportan el peso de la embarcación y el esfuerzo de cada trayecto. Sin embargo, suelen ser los grandes olvidados y, en muchos casos, no se cambian en toda la vida útil del remolque. Se han visto ruedas con más de veinte años de servicio… hasta que revientan. Y un reventón en carretera con un remolque cargado no es un susto menor: puede tener consecuencias graves.
Riesgos más frecuentes:
- Grietas por envejecimiento de la goma.
- Reventones causados por exceso o falta de presión.
- Desgaste irregular debido a mala alineación.
Mantenimiento recomendado
- Revisión visual: inspeccionar flancos y dibujo; si aparecen grietas, hay que sustituir.
- Presión correcta: seguir siempre las indicaciones del fabricante. Una presión inadecuada calienta la rueda y puede provocar un estallido.
- Cambio periódico: sustituir cada cinco años, aunque el dibujo esté intacto, pues la goma se cristaliza con el tiempo, especialmente bajo el sol.
- Rueda de repuesto: imprescindible. Revise también el gato y la llave antes de viajar.
- Protección y descanso: usar fundas si el remolque permanece al sol y calzar el chasis para liberar las ruedas en periodos largos de inactividad.
- Recomendación final: apueste por neumáticos de calidad, con índices de carga adecuados al peso de la embarcación, y vigile su presión con la misma atención con la que revisa las luces o las cinchas de amarre.
Seguro, duradero y fiable
El remolque es un aliado silencioso, el compañero que permite que el barco llegue hasta la rampa. Si se le cuida, responderá con fiabilidad durante años. El mantenimiento de luces, winche y neumáticos no exige grandes inversiones ni conocimientos técnicos avanzados, pero sí constancia.
Quien atienda a estos tres pilares tendrá un remolque seguro, duradero y fiable. Al fin y al cabo, cuidar del remolque es cuidar del propio viaje, desde la carretera hasta el mar, de la afición y de la pasión náutica. Y, sobre todo, cuidar de usted y de su familia. No lo olvide: viaje con seguridad… y con tranquilidad.
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