Bitácora

Una antigua base de submarinos nazis acoge una exposición digital inmersiva del pintor de las escenas de playa

El enorme espacio de arte digital Bassins de Lumières, en Burdeos, se adelanta al “año Sorolla 2023”, en el que se celebrará el 150º aniversario de su nacimiento y el centenario de su muerte

2023 será año Sorolla por partida doble: el 27 de febrero se celebrará el centésimo quincuagésimo aniversario de su nacimiento (en Valencia, en 1863) y el 10 de agosto, el centenario de su fallecimiento (en la localidad serrana madrileña de Cercedilla, en 1923). Es de imaginar que las instituciones públicas españolas estarán al tanto, más allá de la programación especial que pueda esperarse del Museo Sorolla de Madrid, que se encuentra en lo que fue su casa desde 1911 hasta su muerte. Pero mientras tanto, y para abrir boca, dónde comenzaron hace meses a recordarle ha sido en Burdeos, en un espacio insólito y espectacular, tan chocante en principio como, en realidad, acertado para acoger gigantescas proyecciones digitales de la obra del gran pintor de escenas playeras y marítimas.

Se trata, nada más y nada menos, que de Bassins de Lumières (los estanques de luces, en francés), la galería de arte digital más grande del mundo, inaugurada en junio de 2020 en una antigua base submarina que los nazis construyeron en la orilla izquierda del río Garona a su paso por la ciudad francesa de Burdeos, a pocos kilómetros de su desembocadura en el golfo de Vizcaya. 

Ocupada por las tropas alemanas desde finales de junio de 1940, Burdeos era un punto estratégico vital para las potencias del Eje por su cercanía al océano Atlántico, la anchura y navegabilidad del Garona y sus grandes instalaciones portuarias. El barrio de Bacalan, en el norte de la ciudad, fue elegido para construir el Betasom, la base de submarinos de la Regia Marina Italiana, a partir de septiembre de 1941. Fueron necesarios 19 meses del trabajo de más de 6.500 prisioneros de guerra (más de un tercio de los cuales eran prisioneros republicanos españoles) para que la base de submarinos de Burdeos fuera inaugurada el jueves 13 de mayo de 1943.

El gigantesco búnker naval –de 235 metros de longitud y 45.000 metros cuadrados de superficie total, construido con casi 600.000 metros cúbicos de hormigón armado, con los que se podrían llenar casi 240 piscinas olímpicas–, que también fue utilizado por la 12ª Untersseebooteflotille de sumergibles alemanes para proteger a su flota bélica de los ataques aéreos mientras se reparaban los navíos de guerra, podía albergar hasta treinta submarinos en sus once celdas.

Tras la liberación de Francia, la base, en un estado de conservación casi intacto, fue confiada al Puerto Autónomo de Burdeos el 6 de junio de 1945 y ha tenido diversos usos desde entonces. En el verano de 1999 el espacio abrió sus puertas como recinto multidisciplinar centrado en la creación artística (exposiciones fotográficas, conciertos musicales…) y, finalmente, en 2018, se cedió su uso por quince años a la empresa cultural francesa Culturespaces, que lo ha convertido en un espacio expositivo compuesto por cuatro secciones paralelas (correspondientes a cuatro de sus once celdas, de 110 metros de largo) con pasarelas que permiten a los visitantes explorar aproximadamente más de 12.000 metros cuadrados de superficie de exposición alimentadas por 90 proyectores de video (que proyectan imágenes sobre los 155 m² de paredes de 7 metros de altura del espacio de La Cisterna), 80 altavoces y casi cien kilómetros de cables ópticos.

Inaugurado en junio de 2020, el espacio ofrece dos grandes exposiciones simultáneas al año de proyecciones digitales inmersivas (incluye la superficie del agua), y otras exposiciones de arte exclusivamente digital en una sala más pequeña, bautizada El Cubo. El año de su inauguración se ofrecieron sendas exposiciones sobre Gustav Klimt y Paul Klee y 2021 fue el año de “Monet, Renoir… Chagall, Viajes por el Mediterráneo” y de “Yves Klein, el infinito azul”.

Desde el 11 de febrero de 2022 y hasta el 2 de enero de 2023, además de la citada muestra dedicada a Sorolla que se puede disfrutar en esta insospechada “sala de exposiciones”, hay una gran monografía dedicada a “Venecia, la Serenísima”, un viaje inmersivo de 45 minutos de duración por la ciudad italiana para descubrir, a tamaño gigantesco, sus tesoros artísticos y arquitectónicos, desde el arte bizantino y los mosaicos dorados de la Basílica de San Marcos, a las obras maestras de Tintoretto, Bellini o Canaletto, pasando por la Mostra de Cine, con fotografías de actores y actrices del neorrealismo italiano.

En Le Cube, el más pequeño (es un decir) de los otros espacios de exposición digital se puede ver “Recodificación de entropia” (una película inmersiva de François Vautier que reflexiona sobre la inmensidad de las posibilidades inherentes a la mente) e “Inmersión celular”, un viaje artístico y científico al mundo microscópico humano. Cada imagen de la exposición está formada por células reales: desde la electrizante neurona hasta el frágil embrión, pasando por los flujos de sangre del cerebro. Los visitantes pueden descubrir un mundo de brillantes colores de una variedad casi infinita, fruto de la investigación científica de equipos, laboratorios e institutos de todo el mundo. 

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