Bitácora

‘Mediterráneo’: la canción donde Serrat muestra su alma de marinero

La cuarta entrega de nuestra serie sobre composiciones inspiradas en el mar la protagoniza «Mediterráneo», la canción más querida por varias generaciones de españoles, y que, curiosamente, compuso… ¡en México!

Si hay una canción en la historia de la música popular española que haya impactado por igual a varias generaciones, esa es, indudablemente, “Mediterráneo”, de Joan Manuel Serrat. Era la canción que abría el álbum del mismo título publicado en 1971. El año pasado, cuando se celebraba el cincuentenario del lanzamiento del citado álbum, considerado por la revista Rockdelux, la auténtica “biblia” española del pop-rock, por la calidad del criterio de sus periodistas especializados, Serrat recordaba, en una entrevista con el periodista Jordi Socías, que buena parte de ese disco se escribió en el Hotel Batlle, un pequeño establecimiento costero de la población barcelonesa de Calella de Palafrugell.

Aquel hotelito ya no existe: hoy es el “edificio Batlle”, un bloque de apartamentos veraniegos. El cantautor recordaba que su habitación “estaba en la segunda planta”. “Fui a Calella porque era un lugar precioso, tenía amigos y me lo pasaba muy bien. Las canciones de ‘Mediterráneo’ se gestaron allí porque yo estaba allí”. Pero no sólo: otras de las canciones del álbum se compusieron en otros lugares, casi todos de costa, como Cala d’Or, en Mallorca; Mojácar, en Almería, y Fuenterrabía, en Guipuzcoa. 

“Cada mañana me tumbaba a tomar el sol y luego me daba un chapuzón rápido porque el agua estaba fría –le contaba a Socías–. Comía en el hotel y por la tarde escribía, paseaba, me dejaba llevar…”, pero le contaba también cosas de su infancia en el barrio barcelonés del Pueblo Seco, que rodea la montaña de Montjuic y limita al este con los muelles del puerto de Barcelona: “El mar confiere a la gente que está cerca algo importante: mirar muy a lo ancho, ver muy lejos, no tener barreras naturales que limiten las fantasías”.

La canción que hoy nos ocupa, curiosamente, no se compuso ni en Calella de Palafrugell ni en ningún otro rincón de la costa mediterránea, sino, curiosamente, en México, en medio de una larga gira de cinco meses por Hispanoamérica, tal y como su autor explicó en 2014 al periodista Jesús Ruiz Mantilla: “Estaba en México, llevaba semanas en el interior. Soñaba, literalmente con él. Agarré el coche y me fui a un lago, aunque sólo fuera por hacerme a la idea del mar que yo añoraba. Es en esos casos cuando me doy cuenta de que para mí, el mar, y concretamente el Mediterráneo es una identidad: una identidad feliz”.

Nacido en Barcelona el 27 de diciembre de 1943, Serrat era en 1971 la máxima figura de la canción en España. Un ídolo de masas, que había logrado aunar la comercialidad sentimental de sus primeras canciones –“La tieta”, “El vells amants”, “Paraules d’amor”, “El titiritero”, “Poema de amor”, “Balada de otoño”– con la intencionalidad política e intelectual de su álbum de 1969 “Dedicado a Antonio Machado, poeta”, o los sofisticados vericuetos para escapar de la censura franquista para crear canciones críticas con las capas sociales que sostenían al régimen –“Muchacha típica”, “Señora”–.

Vetado en las radios y la televisión pública (la única, en aquel entonces) españolas desde 1968, por su negativa a participar en el festival de Eurovisión cantando en catalán “La la la” (la misma que terminaría interpretando Massiel en Londres), nada pudo impedir, sin embargo, que “Mediterráneo” (el álbum) se convirtiera en número 1 en las listas, gracias a la calidad poética y sentimental de temazos como “Aquellas pequeñas cosas”, “Lucía”, “Pueblo blanco”, “Vagabundear”, “La mujer ue yo quiero”, “Que va a ser de ti” o, ¡cómo no!, la que abría y daba título al disco, en la que se definía de este modo: “Soy cantor, soy embustero /me gusta el juego y el vino / tengo alma de marinero…”.

Con su alma de marinero, Serrat tejió una letra de amor a todo lo que significa el mar Mediterráneo, tanto para su propia vida –“Llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya / Y, amontonado en tu arena, guardo amor, juegos y penas”– como en el influjo cultural con que impregnan sus aguas a todos los países que baña –“Yo, que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno / Que han vertido en ti, cien pueblos, de Algeciras a Estambul / Para que pintes de azul sus largas noches de invierno / A fuerza de desventuras, tu alma es profunda y oscura”–. Y, como demostración final de simbiosis con el mar, pide que cuando muera se lance al mar su barca, porque a esta, sin marinero que la posea, solo le queda el mar. Para él pide ser enterrado “En la ladera de un monte, más alto que el horizonte” y fundirse con la costa: “Mi cuerpo será camino / Le daré verde a los pinos y amarillo a la genista”.

Portada del álbum «Mediterráneo», de Joan Manuel Serrat, editado en 1971 por la compañía discográfica Zafiro/Novola

Sin embargo, que nadie piense en un rincón especialmente bucólico. En su entrevista con Socías, que terminaba en la montaña barcelonesa del Tibidabo, señalaba a lo lejos un punto: “Aquello que se ve allí es el castillo de Montjuic. Justo ahí, detrás, donde no se ve, debajo está el cementerio de Montjuic. Ahí debajo, si lo viéramos desde la otra parte, se vería toda la montaña sembrada de tumbas y nichos. Es como un cementerio de la Almudena en pendiente. Ahí enterramos a mi abuela y a mi padre, cuando yo era un niño. Fue en un nicho familiar. Cuando escribí ‘Mediterráneo’ pensaba en ese nicho. Desde él se ve la playa y el cielo. ¿Lo ves? No había intención poética. Más bien era una intención muy cruda y muy real”.

Este impresionante canto al Mediterráneo, acompañado por una de las melodías más logradas de su producción musical, tuvo su continuación, a modo de epílogo, unos trece años después, cuando en 1984 publicó “Fa vint anys que tinc vint anys”, un álbum en el que se incluía “Plany al mar” (“Lamento por el mar”), de la que Serrat decía que cuando compuso “Mediterráneo” “aunque por aquel entonces las cosas no pintaban excesivamente bien para el mar, uno no podía sospechar hasta qué punto la soberbia y la incompetencia de la especie humana podría situar a nuestro querido y triste mar. Por eso, cuando ahora escucho esa estrofa que dice que a mí me gustaría que me enterraran entre el cielo y la playa, con vistas al mar, yo, personalmente, mucho me temo, que seamos nosotros los que tengamos que ir a su entierro y, evidentemente, al nuestro también. Por eso he escrito otra canción que es un ‘lamento a este mar’. Una canción, y lo quiero contar para todos los que no sean catalanoparlantes, para que nos entendamos un poco más, que dice:

“Cuna de la vida / camino de sueños y puente de las culturas / (¡ay, quien diría…!) / que eso fue el mar / Miradlo hecho una cloaca, / miradlo como va y como viene sin parar. / Parece mentira que de sus entrañas / naciese la vida / (¡ay, quien lo diría sin rubor…!) / Miradlo hecho una cloaca, / miradlo herido de muerte. / De la forma en que lo desvalijan y lo envenenan, / (¡ay, quien diría que nos da el pan!) / 

Miradlo hecho una cloaca, / miradlo como va y como viene sin parar. / ¿Dónde están los sabios / y los poderosos que se llaman a ellos mismos / (¡quién lo diría!)

/ conservadores? / Miradlo hecho una cloaca, / miradlo herido de muerte. / Mirad cuanta abundancia, / cuanta belleza y cuanta energía / (¡quién lo diría!) / echada a perder. / Por ignorancia, por imprudencia, / por inconsciencia y por mala leche. / Yo que soñaba que me enterraran / (¡quién lo diría!) / entre el cielo y la playa. / Y seremos nosotros / (¡ay, quién lo diría!) / los que te enterremos a ti”.

Composiciones inspiradas en el mar

La naturaleza y sus elementos han sido notable fuente de inspiración para compositores de todas las épocas y no ha sido extraño, incluso, en las últimas décadas, que sus sonidos se hayan incorporado a las propias obras. El mar, en concreto, es capaz de provocar miedo y asombro, y maravillar con una belleza que inspira a los más dotados de sensibilidad. En Nautik le vamos a rendir homenaje cada quince días, con una serie de artículos sobre las más destacadas obras de música, tanto clásica como contemporánea, que se han inspirado en su belleza y grandiosidad.

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