La historia cambió aquel 6 de septiembre de 1522. La nao Victoria retornó a Sanlúcar de Barrameda después de tres años de una aventura que iniciaron doscientos treinta y nueve hombres y cinco naos, partiendo de Sevilla en 1519 en busca de una ruta por el oeste hacia la Especiería; regresaron dieciocho hombres y una nao, dando la vuelta al mundo en un hito sin precedentes.
La expedición buscaba abrir una ruta comercial con las islas «de las especias» (las actuales islas Molucas) por occidente, buscando un paso entre el Atlántico y el Pacífico. Cinco fueron las naos adquiridas para ello: la Trinidad, la Victoria, la Concepción, la Santiago y la San Antonio. La expedición estuvo capitaneada por Fernando de Magallanes y con Juan Sebastián de Elcano al mando en su retorno.
Financiación de la Corona e inicio de un largo viaje
Magallanes obtuvo la financiación de la Corona Española, el apoyo de la Casa de la Contratación y los barcos necesarios para llevar a cabo su hazaña, adentrándose en el Océano. Magallanes quiso atravesar el Atlántico y alcanzar lo antes posible el límite de lo explorado. La armada alcanzó el Río de la Plata y recorrió la costa americana, navegando tan al Sur como sea necesario. Pero el otoño austral irrumpió con fuerza. Repentinamente decidieron detenerse en una bahía que llaman de San Julián. Allí les esperan los patagones, un sangriento motín y una larga y duro invieron de cinco meses, tal y como se detalla en «El viaje más largo. La primera vuelta al mundo», la muestra dedicada a la gesta y organizada por Comisión Nacional para la conmemoración del V Centenario de la expedición de la primera vuelta al mundo de Magallanes y Elcano.
Al llegar la primavera austral las cuatro naves ponen de nuevo rumbo al Sur. Durante más de un mes, la armada de Magallanes explora y recorre el laberinto de mareas y vientos encañonados del estrecho que llevará su nombre. Ignoran el éxito de esta vía hasta que, el 28 de noviembre, hallan la salida a un nuevo mar. El primer gran objetivo se había cumplido, pero para entonces quedaban ya solo tres naves, que dejan atrás “el paso” y se adentran en el Mar del Sur.
Sueñan que navegan por el Índico, cerca de las Molucas, ignorando que se enfrentan al mayor océano de la tierra, que les llevó cien días cruzar, donde el hambre, la enfermedad y el desconcierto se apoderan de las tripulaciones. Magallanes dirige sus naves al Oeste y alcanza las islas Filipinas. Tras ello, Magallanes muere en un combate absurdo y poco después parte de la tripulación es pasada a cuchillo en Cebú. La armada queda débil, sin líder, sin rumbo y sin destino. El viaje se convierte en una huida y durante meses el objetivo es, simplemente, sobrevivir.
La armada se detiene en una isla filipina para reparar los barcos y los hombres deciden poner fin a aquel errático y peligroso viaje a ninguna parte que dura ya más de cuatro meses. Los tripulantes destituyen a Juan Carvalho y nombran en su lugar nuevos capitanes: Gonzalo Gómez de Espinosa para la nao Trinidad, y Juan Sebastián Elcano para la nao Victoria. Ambos compartirán el gobierno de la Armada con el maestre Juan Bautista, y serán auxiliados por el escribano y contador Martín Méndez.
La armada recupera entonces su objetivo primigenio: alcanzar las islas Molucas. Guiados por pilotos locales que ponen a su servicio de grado o a la fuerza, se dirigen al Sur. El 8 de noviembre de 1521 la Trinidad y la Victoria han alcanzado el Maluco.
La vuelta, otro reto para las tripulaciones
La Victoria parte de Tidore cargada de especias y emprende en solitario el camino de regreso a Sevilla. Elcano y sus hombres creen ser conscientes de la magnitud del reto al que se enfrentan, en una travesía sin escalas. El océano Índico es solo la primera prueba y para evitar las rutas portuguesas, la Victoria se dirige hacia el Suroeste y atraviesa el Índico Sur por una de las zonas más inhóspitas del planeta: una ruta que hoy se conoce como la de los “Cuarenta Rugientes”.
Tras noventa días navegando por el Índico Sur, el cabo Buena Esperanza aparece en la proa de la nao Victoria. Tras ello, les esperaba el Atlántico y después de 156 días de navegación sin escalas, deciden jugárselo todo en Cabo Verde. Elcano y sus hombres sufren lo indecible en la última etapa del viaje, dando un largo rodeo por las Azores para evitar los alisios contrarios hasta cerrar el mundo en el río que los vio partir. En septiembre de 1522, Sanlúcar –día 6– y Sevilla –día 8– reciben a los 18 supervivientes de la Victoria. El largo viaje había concluido.
El hito en la actualidad: el Buque Escuela «Juan Sebastián de Elcano»
La Armada de España cuenta con un barco representativo donde los haya que recuerda la proeza de un hombre inolvidable. Se trata del Buque Escuela «Juan Sebastián de Elcano«, el buque más emblemático y simbólico de la Armada, que inició su andadura en 1928, año en que los Guardias Marinas ya cursaban sus estudios en la Escuela Naval Militar.
El barco es, además, depositario de prácticas seculares, que ayudan a formar y a curtir a las personas: la navegación a vela, el léxico marinero, los buenos momentos en la mar, o los malos, en permanente pelea con un elemento tantas veces hostil, la estrecha convivencia, la incomodidad, la monotonía de las largas travesías, el compañerismo, el conocimiento de diversos países y gentes, o el de uno mismo.