SOS Océanos

Tortugas Marinas: ¡una entre mil lo consigue!

La fitopatria natal afecta a las hembras de tortugas marinas. Este instinto las lleva a regresar a la playa donde nacieron para anidar y desovar en un hábitat familiar y seguro.

Una de las características más fascinantes de las tortugas marinas es el instinto ancestral que permite a las hembras adultas, después de pasar entre 15 y 30 años en mar abierto, regresar a la misma playa donde nacieron para desovar.

Autora: Ana Bozzano

La fitopatria natal afecta a las hembras de tortugas marinas. Este instinto las lleva a regresar a la playa donde nacieron para anidar y desovar en un hábitat familiar y seguro.

Ese lugar, que solo conocieron un par de meses durante su desarrollo embrionario y unos minutos al nacer, cuando se arrastraron desde el nido hasta las olas, queda grabado en su memoria mediante un complejo sistema de orientación que combina la detección del campo magnético terrestre con señales olfativas específicas.

Durante décadas, se creyó que este comportamiento, conocido como filopatría natal, era inalterable. Sin embargo, investigaciones recientes demuestran que las tortugas pueden colonizar nuevas playas, modificando sus rutas migratorias y recalibrando su “mapa magnético” para memorizar zonas con mejores condiciones para la incubación.

El cambio climático es especialmente evidente en el Mediterráneo, un mar que se calienta un 20 % más rápido que la media global. Desde los años 80, la temperatura superficial ha aumentado unos 0,4 °C por década, haciendo que muchas playas tradicionales sean demasiado cálidas para la incubación. Como respuesta, las hembras de tortuga boba (Caretta caretta) se están desplazando hacia el oeste en busca de arenales con temperaturas más adecuadas. En cambio, la tortuga verde (Chelonia mydas), también presente en el Mediterráneo, no ha mostrado alteraciones similares en sus hábitos de anidación.

Históricamente, más del 85 % de los nidos de tortuga boba se concentraban en el Mediterráneo oriental (Turquía, Grecia, Chipre, Libia). Sin embargo, en los últimos años ha aumentado significativamente la anidación en el Mediterráneo occidental, especialmente en las costas de Cataluña, Comunidad Valenciana, Andalucía, Francia e Italia.

En 2023, se registraron más de 400 nidos en el Mediterráneo noroccidental. En España hubo 40, de los cuales diez estaban en Cataluña. En el sur de Italia, se reportaron más de 300 nidos. Esta expansión confirma que las tortugas marinas son sensibles a los cambios ambientales, por lo que el Plan de Acción para las Tortugas Marinas del Mediterráneo, del Protocolo de Biodiversidad del Convenio de Barcelona, considera a Caretta caretta una especie centinela del estado ecológico del Mediterráneo, especialmente frente al calentamiento global.

Además de los depredadores naturales, las tortugas marinas enfrentan otras amenazas; la más alarmante es la contaminación por plásticos.

Amenazas emergentes

Cada hembra de tortuga boba pone entre 80 y 100 huevos por nido y puede cavar hasta siete nidos por temporada. Entre el 10 % y el 20 % de los huevos no son viables. La incubación dura unos 60 días, y la temperatura de la arena determina el sexo de las crías: por debajo de 28 oC, nacen machos; por encima de 30 oC, hembras. Si se superan los 34 oC, los embriones pueden morir. En playas del Mediterráneo oriental, como en Grecia y Turquía, se han registrado hasta un 99 % de hembras, lo que amenaza el equilibrio poblacional a largo plazo.

Las crías recién nacidas son extremadamente vulnerables. Guiadas por la luminosidad del mar, inician su fase juvenil en aguas abiertas, donde permanecen entre dos y diez años antes de regresar a la costa como adultos. Se estima que solo una de cada mil tortugas llega a la edad adulta.

Además de los depredadores naturales, las tortugas marinas enfrentan otras amenazas de origen antropogénico, como la contaminación por plásticos. Según el CRAM (Centro de Recuperación de Animales Marinos), el 90 % de las tortugas ingresadas tienen plástico en su organismo o enredado en su cuerpo. Una hipótesis aceptada por la ciencia es que confunden el plástico con medusas, uno de sus alimentos favoritos. Sin embargo, algunos alimentos ingeridos no tienen ningún parecido con las medusas.

Recientemente se ha descubierto que muchos residuos flotantes desarrollan un biofilm —película de algas y microorganismos— que emite dimetilsulfuro (DMS), el mismo compuesto que liberan las medusas. Esta similitud química provoca que las tortugas confundan más el plástico con alimento, aumentando el riesgo de ingestión, con consecuencias fatales.

El aumento de la temperatura del Mediterráneo está llevando a las hembras de tortuga boba y tortuga verde a alterar sus hábitos de anidación.

Proteger los nidos, salvar la especie

Pese a su alto potencial reproductivo, las amenazas humanas pueden llegar a reducir drásticamente el éxito de supervivencia, tanto en la fase de eclosión de los huevos como en su vida juvenil. Se estima que entre el 30 % y el 50 % de los huevos pueden perderse por causas antropogénicas, como la urbanización de playas, la iluminación artificial que desorienta a las crías, la limpieza mecánica de la arena o la presencia masiva de personas. En playas urbanas no gestionadas, solo el 50 % de los huevos llega a eclosionar, y menos de la mitad de las crías consigue alcanzar el mar. Sin embargo, con medidas de protección, campañas de sensibilización y una buena gestión del litoral, estas cifras pueden mejorar notablemente.

Si ve una tortuga anidando o un nido, debe llamar rápidamente al 112 para activar el protocolo de actuación; no tocar ni molestar al animal; mantener una distancia mínima de 30 m; evitar hacer ruido y no utilizar luces ni flashes; no pisar ni alterar los rastros en la arena; no intentar manipular el nido ni los huevos.

Estas indicaciones están recogidas en el protocolo estandarizado del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

En regiones como la Comunidad Valenciana y Cataluña, se han puesto en marcha programas de vigilancia y custodia de nidos, con participación de científicos, administraciones y voluntarios. Gracias a esto, ha mejorado el éxito de eclosión y se han reforzado las acciones de conservación.

Proteger los nidos de tortugas marinas es una acción clave para su conservación. No solo por su valor biológico, sino por el papel esencial que desempeñan en la salud de los ecosistemas marinos. Una entre mil lo consigue… y cada una cuenta.

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