The Ocean Race, uno de los desafíos deportivos en equipo más duros del mundo, se puso este domingo en marcha desde el puerto de Alicante. Los mejores regatistas del mundo partieron a las 14:00 (los de categoría VO65) y las 16:00 (los de la novedosa categoría IMOCA, provistos de hidroalas), rumbo a Cabo Verde, donde finalizará la primera etapa de la travesía del globo, después de recorrer 1.900 millas náuticas (unos 3.520 kilómetros).
La regata completa, que consta de seis etapas –con paradas, además de en Cabo Verde, en Ciudad del Cabo (República Sudafricana), Itajaí (Brasil), Newport (Estados Unidos), Aarhus (Dinamarca), La Haya (Países Bajos) y el puerto italiano de Génova, donde finalizará el periplo–, superará los 60.000 kilómetros, en unos noventa días efectivos de navegación: en cada final de etapa se producirá una parada de varios días para el reagrupamiento de todos los participantes y para efectuar, si fueran necesario, pequeñas reparaciones o cambios de tripulantes.
Támara Echegoyen (Orense, 1984), bicampeona mundial (en la clase 49er. en 2016, junto a Berta Betanzos, y en 2020, con Paula Barceló) y campeona olímpica (en la clase Elliot en Londres 2012, junto a Sofía Toro y Ángela Pumariega) es, además, la única regatista española que ha competido en una vuelta al mundo oceánica (lo hizo en la edición 2017-2018 de The Ocean Race, como tripulante del MAPFRE español).
Este año repite la experiencia de la Ocean Race, aunque en esta ocasión no completará todo el recorrido: la regatista gallega tiene puestas todas sus prioridades en los preparativos para los Juegos Olímpicos de París 2024, en los que volverá a participar en pareja con Paula Barceló, y en esta vuelta al mundo se incorporará al equipo franco-alemán Guyot Team Europe para realizar solamente la cuarta etapa, Itajaí-Newport: «Esta edición de The Ocean Race es más corta –explica Echegoyen–, solo seis meses, y las exigencias no son las mismas que las de la anterior edición. En el equipo hay cuatro tripulantes a bordo y los otros tres integrantes del equipo iremos rotando en las etapas y esto me permite seguir con mi campaña olímpica».
«La realidad es que tengo la suerte de poder compaginar los dos proyectos –añade la regatista orensana–. Al ser varios regatistas en el equipo no necesito estar en el barco en todas las etapas y el tiempo que no esté en él podré dedicárselo plenamente a seguir preparando mi campaña para París 2024. El equipo fue muy respetuoso con mi exigencia de que mi prioridad era la campaña olímpica, porque mi cabeza está en 2024. De todas formas, esta es una buena oportunidad para seguir creciendo como regatista. Creo que los aprendizajes que se adquieren aquí me van a servir para hacerlo mejor».
Se perderá, eso sí, la etapa más larga jamás realizada en The Ocean Race, que recorrerá el Índico, todo el Pacífico Sur y el Atlántico Sur, en la etapa Ciudad del Cabo-Itajaí: 12.856 millas náuticas (23.822 km). “Esa etapa es, evidentemente, la más complicada. Se va a pasar por los sitios más duros que nos podamos imaginar. Creo que va a ser una etapa en la que lo más importante va a ser saber los límites que los equipos van a tener que ponerse a sí mismos para poder completarla de la mejor forma hasta llegar a Brasil.
PREGUNTA. ¿Cómo te cambió la vida ganar el oro olímpico en Londres 2012?
RESPUESTA. Si hablamos de la vida profesional en la vela, tener ese oro me cambió completamente la vida, porque no sólo me dio voz a la hora de crear proyectos sino que me dio el impulso necesario para que los patrocinadores puedan creer en ti y poder llevar a cabo todas esas ideas que están en tu cabeza. Ese oro me abrió las puertas de los siguientes Juegos Olímpicos y de poder estar involucrada en la pasada edición de The Ocean Race y, por supuesto, la oportunidad de estar ahora aquí, con un nuevo equipo, en la siguiente edición de The Ocean Race.
P. ¿Te planteabas en su momento, cuando eras una aprendiz en el deporte de la vela, llegar a estar aquí?
R. Cuando era muy pequeña mi reto era llegar a los Juegos Olímpicos. Siempre recordaré la apertura de los de Barcelona, con la flecha lanzada hacia el pebetero para encender la llama olímpica. Pero no fue hasta el momento en el que mis amigos comenzaron a estar involucrados en este tipo de competiciones cuando me di cuenta de que lo que quería era estar encima del barco y no en el pantalán: creo que fue en la edición de 2011-2012 cuando fui a Río de Janeiro a despedir a Pablo Iglesias [no se refiere al exvicepresidente del gobierno, sino al regatista vigués, tripulante del Telefónica Movistar] y le dije a Pablo: “no sé si tendré la oportunidad, pero me siguiente reto será estar en The Ocean Race”.
P. ¿Cómo se produjo tu participación en la anterior edición, en la que competías con el Mapfre, que quedó en segunda posición…?
R. Recibí un día un correo electrónico de Xabi Fernández, diciéndome que estaban interesados en integrarme en el equipo y que si quería participar en unas pruebas de selección. Fueron unas pruebas bastante duras, lo que me exigió aprender rápidamente para ser mejor regatista en muy poco tiempo y, al final, decidieron que formase parte del equipo.
Fue un reto excepcional y estoy muy contenta de haber podido hacerlo, rodeada de mis mejores amigos, que formaban parte de la tripulación.
P. Después de haber conseguido un oro olímpico y dos mundiales, ¿cómo es que no eres tú patrón de barco en The Ocean Race?
R. Tengo que decir que, aunque tengo experiencia en esta regata, porque ya hice una, no tengo suficiente experiencia para patronear un equipo en una competición de este tipo. Ser patrón supone ser el máximo responsable de toda una tripulación en medio del océano y hay que desenvolverse muy bien y tener una gran experiencia, como la tienen los patrones del Guyot Team Europe. Para ser patrón necesito tener mucha más experiencia y aprender muchas más cosas, porque la responsabilidad de todas las vidas a bordo es muy grande y hay que ser consciente de que hay que estar muy, muy preparado. Necesito trabajar mucho más para afrontar mi siguiente reto, que sí podría ser llegar a ser patrón de uno de estos barcos.
P. ¿Piensas que es posible que la vela se convierta en un deporte popular y pierda el estigma de deporte caro y exclusivo?
R. La vela ya se está convirtiendo en un deporte popular y hay que seguir rompiendo esos estereotipos; sin lugar a duda, en el pasado era complicado poder acceder al mar, pero cada vez está siendo más fácil acceder y estando en España, que estamos rodeados de agua, es una pena que la gente no sepa navegar, porque es una experiencia increíble que te permite conocer los paisajes costeros y las ciudades desde otro punto de vista, de mar a tierra. Es un deporte en el que el trabajo en equipo es fundamental y es una gran cuna para que los niños crezcan. Ahora hay muchas más facilidades para conocer el deporte de la vela, porque no todo es alta competición ni campañas olímpicas: la vela es mucho más que eso y animo a todo el mundo, chiquillos y adultos, a que lo conozcan, a que se suban en el barco y disfruten de las costas maravillosas que tenemos en España.